Ondea deprimente la bandera
en el mástil de aquellos que solo han de colocarla
como una tradición más.
Ya no existe sangre derramada
que a ella la pueda enorgullecer.
Aquel majestuoso mar
que ayer vaticinaba nuestro futuro esplendor,
hoy solo se agita con rencor
anunciando que en nuestro tiempo será el fin de su sumisión.
Aquel cielo azulado
en el que antaño las estrellas podianse contemplar
hoy tan solo albergan enfermedad, muerte y destrucción.
La nieve, la nieve a la que Lillo se refería,
yo ya ni entiendo cuál será,
si la que es utilizada en Aysen
o la del proyecto Pascualama.
Aquel que antes era majestuoso baluarte
hoy se viste de Santuario profanado,
aquella que antes ayudó a obtener la libertad
hoy es pagada con dura explotación.
Tan solo el campo sigue resistiendo
al devastador avance de la urbe,
refugiando las hermosisímas flores
en desiertos, valles y montañas.
La bandera ya siente que no tiene por quién luchar,
el que antes país unido era
contra sí mismo se volvió.
El guerrillero estaría llorando,
no fue para esto que nos libertó.
Ondea deprimente la bandera
en el mástil de aquellos
que solo han de colocarla
como una tradición más.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
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